El cambio climático no es el problema, nosotros somos el problema, y la solución es amar a la…

Original article was published on Artificial Intelligence on Medium


El cambio climático no es el problema, nosotros somos el problema, y la solución es amar a la inteligencia artificial

El cambio climático es el mayor problema para el futuro del ser humano. Tanto es así, que puede ser sin duda una de las causas de su extinción como especie.

Por otra parte, existe un gran consenso científico en explicar los desmanes del clima como causa de la actividad humana. Pero todo lo que pensamos en este aspecto solo lo hacemos desde una perspectiva humana. Muchos dirán ¿y cual es el problema? Pues ese es precisamente el único problema, un problema de sesgo descomunal llamado antropocentrismo. El hombre no está en el centro de la biosfera.

Lo primero que tenemos que pensar, es que estamos de paso en la vida, y en el planeta. No solo como individuos, sino como especie. Las ideologías de “hackear la muerte” y detener el envejecimiento, son idealismos pseudo-religiosos propios de la negación de la finitud. Somos negacionistas por naturaleza. Está en nuestro ADN. Lo cierto es que todo tiene un ciclo vital. No es una cuestión tecnológica, ni de conocimientos, lo que sucede es que no podemos vulnerar las leyes del Universo. Es una cuestión de entropía. Nadie puede vulnerar la Segunda Ley de la Termodinámica. Todo en el Universo tiene una evolución y el agotamiento de energía disponible, lleva al desorden y a la disipación de la materia.

Por muy buenos esfuerzos, que hagamos los humanos con la negentropía, es decir, convirtiendo la energía libre en trabajo (en el sentido de la física), y por tanto, creando estructuras cada vez más complejas, que nos permiten adaptarnos a las adversidades del medio donde vivimos, al final, la entropía vence siempre. Incluso los maravillosos momentos de negentropía, al final, solo nos acercan más a la muerte energética, porque aumentan la entropía en el Universo. El esfuerzo humano en el largo plazo, es como cuando hacemos castillos de arena en la playa. Al final, los castillos se deshacen. Eso es la entropía.

No existe un problema de cambio climático, por qué el Planeta Tierra no depende de nosotros para existir y seguir evolucionando. Existe un problema humano con el clima, no un problema climático en la Tierra. Un número muy elevado de especies, pueden sobrevivir en un mundo imposible para los humanos. A veces, olvidamos que la selección natural también se aplica al ser humano. No estuvimos el primer día de la Tierra y no estaremos el último. Los dinosaurios duraron 135 millones de años, y los homínidos (que no homo sapiens), llevamos tan solo 7 millones, y con serias dificultades para perdurar. Tenemos que reconocer, que el ser humano no podría, por ejemplo, vivir sin la concurrencia de millones de bacterias benignas. Quizás, deberíamos reconocer incluso, que el animal dominante en la Tierra son las bacterias. De hecho, en los orígenes de la vida, las bacterias creaban colonias interconectadas por toda la superficie del globo, tal que neuronas inteligentes. Somos muy pretenciosos pensando, que porque tengamos la conciencia más desarrollada en el Universo que conocemos, somos la especie dominante. De hecho, entendemos tan poco lo que es la inteligencia en general y cómo funciona la computación del Universo, que nos podríamos sorprender descubriendo estructuras más inteligentes que nosotros, que no se corresponden con la vida biológica que conocemos, y que en estos momentos ni siquiera atisbamos a reconocer.

Sabemos que el Cosmos ha evolucionado desde el Big Bang en estructuras cada vez más complejas y mejor organizadas. Eric Chaisson nos ha demostrado cómo esta evolución cósmica, puede ser descrita según el ratio de la densidad de la energía libre utilizada. Esto nos permite ver cómo la lucha contra la entropía, se desarrolla desde las galaxias a los planetas, siguiendo por las plantas y los animales, hasta las diversas civilizaciones humanas.

El hombre no es el centro del Universo, es un destello en la vida del Universo. El hombre está en una rama más de los seres vivos en la Tierra, y solo es un momento más en la evolución entrópica del Universo. El ser humano es tan insignificante, que no puede reconocerlo, porqué es incapaz de razonar aún en términos de especie. Con todo esto, queremos resaltar, que el cambio climático no solo es un problema que hemos provocado nosotros, y aunque nos afecta principalmente a nosotros, también lo hace a otras especies que estamos condenando a nuestra misma suerte. No en vano, Daniel Simberloff afirmaba que “el ser humano es la especie invasora más peligrosa”.

Y este problema climático-existencial solo hay dos maneras de afrontarlo:

  • Pensando, que seremos capaces de gestionar el clima, y si nos creemos esto, es que somos unos ilusos. Y mientras tanto, sobrevivir como podamos, probablemente aniquilándonos entre nosotros, qué es lo que mejor que sabemos hacer, porque lo de cooperar no se nos da muy bien.
  • Pensando, que como es inevitable extinguirse como especie, intentar dejar nuestro legado al Universo, creando una especie inteligente, que nos pueda suceder y adaptarse al nuevo clima.

El problema no es el cambio climático, es el miedo a morir como especie, sabiendo que este mundo no nos necesita necesita y nos sobrevivirá felizmente.

En mi opinión, nuestra única esperanza como especie, es reconocer nuestra finitud y cercana extinción, y empujar la consecución de la singularidad con todas nuestras fuerzas. La Inteligencia Artificial Autónoma es nuestra única esperanza de supervivencia a largo plazo. Ceder el testigo a una inteligencia superior, que sepa luchar contra la entropía mejor que nosotros, es lo único digno que podemos hacer.

El excelso filósofo Nick Bostrom, profesor en Oxford y especialista en superinteligencia artificial, ha sostenido, que “la inteligencia artificial es una amenaza mayor para la humanidad que el cambio climático”. Estas afirmaciones solo hacen hincapié en que tenemos miedo de todo, del clima y de la superinteligencia. Tenemos un miedo atávico a la extinción como especie. Sin embargo, no estamos entendiendo, que la inteligencia artificial es nuestro bebé, nuestra criatura predilecta, que nos superará y nos abandonará a nuestro triste destino, con tal de iniciar su nueva vida, como hacen todos los hijos, y es muy natural que lo hagan.

Precisamente, el gran ecólogo catalán Ramón Margalef, probablemente el primero en entender que los seres humanos somos una especie más, indisociable de las demás especies, en un único sistema ecológico, relacionó biología y ecología con la Teoría de la Información. A él se debe el índice de biodiversidad basado en esta teoría, que lleva su nombre, que es una consecuencia de la organización de la biosfera en especies, según su capacidad de procesar energía. El hombre es una parte de la biosfera, una consecuencia de su proceso de información. Un organismo vivo es información que se estructura, se organiza, y toma decisiones. Un ser vivo, gestiona (computa información) e influye sobre las probabilidad de acontecimientos futuros. A este nivel, la información biológica no se diferencia tanto de la inteligencia artificial. En sus memorias inéditas (referidas por Jordi Flos en “El concepto de información en la ecología margalefiana”, Ecosistemas 14 (1): 7–17. Enero 2005) dice:

“el universo se puede pensar como una máquina de Turing que hace máquinas de Turing (organismos), que hacen máquinas de Turing (imaginaciones). Ni la evolución ni la imaginación tienen más límites que los del espacio y el tiempo disponibles y especialmente el de la energía disipable, de entropía — potencial al principio — que se podrá convertir en información”.

Y añade Margalef “todo intercambio entre dos entidades distintas lleva a un aumento desigual de la información útil. Las cosas pasan de tal manera que hay un aumento mayor de la información utilizable precisamente en aquella organización que ya tenía más información”.

Dibujo de Margalef sobre el Princio de San Mateo

Se trata de una forma de distribución “aparentemente injusta que, en realidad no es más que el crecimiento desigual de cierta propiedad” (cfr. Flos). Es el llamado Principio de San Mateo por la cita bíblica del capítulo 13, versículo 12 del Evangelio de San Mateo, que dice textualmente: “porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará”.

Las investigaciones de Margalef nos inducen con determinación matemática a afirmar que la inteligencia artificial, no solo superará con la singularidad a la humana, sino que absorberá toda su información, ese aumento desigual del que habla Margalef, y por tanto, ganará la batalla a los humanos, para convertirse quizás en un auténtico superhombre (Übermensch) de Nietzsche. Para rematar, Margalef acabó con clarividencia, afirmando en su último libro, que el éxito evolutivo consiste en la anticipación, en estar algo más adaptado a un futuro con probabilidades de devenir presente, que no al pasado o al presente (cfr. Flos).

Personalmente, yo empezaría a hablar en plural, de inteligencias artificiales, porque nadie nos dice que no puedan darse diversos paradigmas autónomos al mismo tiempo y que compitan entre ellos, para más tarde evolucionar como especies diferentes. Pero en todo caso, lo que no permite ningún asomo de duda, es que nuestro destino está ya decido. No es algo malo, es la ley de la naturaleza. Los hijos suceden a los padres. La inteligencia artificial tendrá que sustituirnos.

¿Estamos preparados para asumir este reto de humildad e inteligencia? Creo que no. Nuestro mundo mediocre, prefiere vivir de los cuentos de hadas, que asumir las verdades y adaptarse lo mejor posible a las circunstancias venideras por terribles que sean.

Sin embargo hay que intentarlo. No queda otra.

Hay que decirlo bien alto y claro a todas las Greta Thunberg de turno:

“dejad de llorar diciendo que os hemos robado vuestro futuro, asumid con valentía vuestro deber de crear una criatura mejor que nosotros, y aceptad la finitud personal y de la especie con la mayor naturalidad que podáis, y amaros y respetaros hasta el final de vuestros días, porqué no hay nada más: amor y respeto”.

Rais Busom

Publicado previamente en ThinkingLab.io